Nuestra Señora Del Perpetuo Socorro Oracion

Bendigo y doy gracias a Dios que por su misericordia me ha concedido esta seguridad en Vos, que yo miro como una prenda de mi salvación. Concededme, ya que, esta felicidad que ardientemente os solicito; alcanzadme que en los ataques del infierno recurra a Vos diciendo; María, ayudadme; Virgen del Perpetuo Socorro, no permitaís que pierda a mi Dios. ¡Santísima Virgen María, que para inspirarme seguridad habéis amado llamaros Madre del Perpetuo Socorro!

¡Oh misericordiosa Abogada y refugio de los pecadores ¡Mucho he ofendido a Dios. En vuestras manos pongo mi salvación eterna. Haced que no vuelva ahora a tener la enorme desgracia de corresponder con vil ingratitud a nuestros continuos favores. Alcanzadme de vuestro Hijo la felicidad de una conversión franca, a fin de que de ahora en adelante le ame con todo mi corazón.

San Manuel González García, Obispo

Levanta la visión ¡oh cristiano! Y contempla a la Virgen del Perpetuo Socorro. Mira al Niño Jesús, que con sus manecitas temblorosas toma y estrecha la mano de su tierna Madre. Que 2 ángeles le presentan los instrumentos de su futura Pasión, y que al verlos el adorable infante se llena de espanto, y busca en su dulce Madre protección y amparo. Con lo que desea decirte que, a imitación suya, tienes que tu también buscar siempre en María el socorro perpetuo en medio de las aflicciones de la vida presente.

Nuestra naturaleza tiene horror a las contradicciones y trabajos de esta vida los que son, empero, favores señalados que Dios hace a las ánimas que le adoran. La verdadera sabiduría radica en conocer los bienes inestimables de méritos que se hallan encerrados en las humillaciones y en los trabajos. ¿Quién, pues, nos dará a conocer este tesoro? María Santísima, la Reina de los mártires.

De forma especial, Mi madre, concédeme la felicidad que te solicito. Yo os consagro mi cuerpo con sus sentidos, y mi alma con sus potencias. De aquí en adelante deseo serviros con furor, invocaros sin cesar y trabajar por ganar corazones que os amen. Haced que no pase día alguno de mi vida sin que les invoque con amor filial. Uno de los principales oficios en que ejercita su so-legimitad Nuestra Señora del Perpetuo Socorro es el de sacar a las almas del pecado. A la forma como una madre llora y gime sobre el cadáver de su hijo, a quien desearía poder resucitar, María siente ardentísimos deseos de que vuelvan los pecadores a la vida de la gracia.

Lema: Misericordiosos Como El Padre

Yo les suplico me socorráis en todo tiempo y en todo rincón; en mis tentaciones, tras mis caídas, en mis adversidades, en todas las miserias de la vida y, más que nada, en el trance de la desaparición. Alcanzadme, ya que, la felicidad de asistir a Vos sin cesar con la seguridad de un hijo, para que obtenga tu perpetuo socorro y la perseverancia final. Bendecidme y rogad por mí ahora y en la hora de mi muerte.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Aquí tenéis a vuestros pies a un miserable pecador que a Vos acude y en Vos confía. Madre de misericordia, tened piedad de mi. Oigo que todos os llaman Cobijo y Esperanza de los pecadores; sed, pues, el refugio y la promesa mía. Socorredme por amor de Jesucristo, tended la mano a un miserable caído que a Vos se encomienda y se consagra por vuestro siervo perpetuo.

nuestra señora del perpetuo socorro oracion

Octavo día LA LANZA Y LA ESPONJA Uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber . Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua . Es difícil comprender cómo desde el sufrimiento se puede manifestar el cariño y la vida. El cariño no es únicamente vivir tiempos alegres, sino más bien comprender sostenerse y apoyarse en la dificultad.

Somos Acólitos, Seguidores De Jesús

Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Esto es, que por sus frutos los conoceréis». Llevar a cabo la petición del favor que se desea conseguir con este triduo. Terminar con laoración final para todos los días.

nuestra señora del perpetuo socorro oracion

¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el sendero que lleva a la vida! De esta forma, pues, todo cuanto deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo nosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas. «No deis lo beato a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros. ¿Quizás se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? De este modo, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos.

En los días de patología, en el mal, en la desaparición, que tu firmeza en la cruz nos sostenga. Ayúdanos a mantenerse unidos en la oración, recibe al lado de tus hijos el Espíritu Beato. Que tu mirada tierna, próxima, dulce, no se aparte de nosotros. Y al final de nuestros días, Madre, llévanos hacia la Casa del Padre misericordioso.

Septenario De Los Dolores De La Virgen Royuela (teruel)

El auténtico amor conoce el gozo, el regocijo y la celebración, pero asimismo sabe mucho de renuncias, sufrimientos y adversidades juntos. Del costado abierto de Jesús, desde donde se certifica la muerte, aflora agua y sangre, símbolo de su amor, lo que da vida a la Iglesia. San Alfonso asegura que el corazón de María se vio traspasado por la espada del mal de la pasión de su Hijo. Te solicitamos, Madre Santa, que tal como acompañaste leal a Jesús en su sufrimiento, asimismo nos consueles con tu presencia en la hora de la aflicción. Pide a fin de que nosotros asimismo sepamos ser solidarios con los hermanos que pasan adversidades.

ORACIÓN A LA MADRE DEL PERPETUO SOCORRO Tú fuiste escogida por Dios como Madre para su Hijo, Yo te solicito el día de hoy que seas mi socorro perpetuo. Así como confiaste en la palabra del ángel, enséñame a creer en las promesas del Señor. Que, como tú con Isabel, pueda salir presuroso, a ser útil a aquel que lo necesita. En los momentos de amenaza e inseguridad, guíanos a puerto seguro. En el momento en que nos alejemos y nos sintamos perdidos, no descanses hasta hacernos volver a casa. Al faltar el vino de la alegría, que sepamos escucharte para recuperarnos en Jesús.