Letania Para Arrullar Al Niño Dios

El cisne en la sombra semeja de nieve; su pico es de ámbar, del alba al trasluz; el suave crepúsculo que pasa tan corto, las cándidas alas sonrosa de luz. Líbranos, Señor, de abril y la flor y del cielo azul y del ruiseñor, de dolor y amor, líbranos, Señor. ¡Rosa de mal, gracia femenina; inocencia y luz, corola divina! Ante el celeste, supremo acto, dioses y bestias hicieron pacto. Se dio a la alondra la luz del día, se dio a los búhos sabiduríay armonía al ruiseñor.

IIDe don Diego de Silva Velázquez a don Luis de Góngora y Argote Alma de oro, fina voz de oro, al venir hacia mí, ¿por qué razón suspiras? Ahora empieza el noble coro de las liras a preludiar el himno a tu decoro; ahora al misterioso son del noble coro calma el Centauro sus grotescas iras, y con nueva pasión que les inspiras, tornan a quererse Angélica y Medoro. ¡Pasa, oh dominador, oh conductor del carro de la mágica ciencia! ¡Pasa, pasa, oh bizarro manejador de la mortal cuadriga, que al pisar sobre el viento lúcida el instrumento sacro! Tiemblan las cimas de los montes mucho más altos, que en sus rítmicos saltos tocó Pegaso. Viran muchedumbres de águilas bajo el vuelo de tu poder fecundo, y si hay algo que iguale la alegría del cielo, es el gozo que enciende las supones del mundo.

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De ruiseñores y águilas se pueblen las encinas, y mientras pasa Angélica sonriendo a las Meninas, salen las nueve musas de un bosque de lauros. Tu castillo, Velázquez, se eleva en el sendero del Arte como torre que de águilas es cuna, y tu castillo, Góngora, se alza al azul cual una jaula de ruiseñores labrada de oro fino. Y yo las lonas con mis luces gemo, para Don Luis de Góngora y Argote traerá una exclusiva palma Polifemo. Mas a pesar del tiempo terco, mi sed de amor no posee fin;con el cabello gris me acerco a los rosales del jardín… En tantos climas, en tantas tierras, siempre y en todo momento son, si no pretextos de mis rimas, espectros de mi corazón.

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En la angustia de la ignorancia de lo futuro, saludemos la barca llena de fragancia que tiene de marfil los remos. Los que auscultasteis el corazón de la noche, los que por el insomnio tenaz habéis oído el cerrar de una puerta, el resonar de un vehículo lejano, un eco vago, un ligero ruido… La última impresión de tus triunfos… Prescindo de sobra detalles para explicarte por eso de qué forma, autumnal, te envío este ramo de rosas. Y oigo un rumor de olas y un incógnito acento y un profundo oleaje y un enigmático viento… (El caracol la manera tiene de un corazón).

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De tantas tristezas, de dolores tantos, de los superhombres de Nietzsche, de cantos áfonos, recetas que firma un doctor, de las epidemias de horripilantes blasfemias de las Academias, líbranos, señor. Ruega generoso, piadoso, orgulloso; ruega casto, puro, celeste, animoso; por nos intercede, ruega por nos, pues prácticamente ya estamos sin savia, sin brote, sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote, sin pies y sin alas, sin Sancho y sin Dios. Escucha, divino Rolando del sueño, a un enamorado de tu Clavileño, y cuyo Pegaso relincha hacia ti; escucha los versos de estas letanías,hechas con las cosas de todos y cada uno de los días y con otras que en lo misterioso vi. Rey de los nobles, señor de los tristes, que de fuerzas alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión; que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón. Y sería mi sueño, al nacer de la aurora, contemplar en la faz de una pequeña que llora, una lágrima llena de amor y de luz. En los instantes del silencio misterioso, en el momento en que brotan de su prisión los olvidados, en la hora de los muertos, en la hora del reposo, ¡vais a saber leer estos versos de amargor impregnados!

Voy bajo tempestades y tormentas ciego de sueño y orate de armonía. El día de hoy pasó un águila sobre mi cabeza, transporta en sus alas la tormenta, lleva en sus garras el rayo que deslumbra y aterra. Dame la fortaleza de sentirme en el lodo humano con alas y fuerzas para soportar los embates de las tempestades malvadas, y de arriba las cóleras y de abajo las roedoras miserias.

Era una dulce niña, en este mundo de desafío y de aflicción. Tiene labios de Borgia, sanguinolentos labios dignos de exquisitas calumnias, de rezar frases y de decir blasfemias; colorados labios malvados florecidos de anécdotas en cien Decamerones. A lo lejos alzábanse los muros de la ciudad teológica, en que vive la sempiterna Paz.

No me comenten cosas rudas por el hecho de que no desee asomarme. Necesito que comprendan que no estoy para nadie. Déjenme ver los peces a la orilla del estanque. Déjenme que se columpien mis sueños bajo la tarde. Un arrorró imperceptible trae en sus notas el aire, Y la sonrisa de un niño se presiente en el paisaje.

¡Oh, comprender querer es comprender padecer! Querer y padecer, padecer y sentir, y el hacha besar que nos debe de herir… Hay, no obstante, que ser fuerte; pasar todo precipicio y ser vencedor del Vicio de la Disparidad y la Muerte. Ve entonces la región en donde hay los augustos Arcángeles, zodíaco de adamantina nieve, indestructibles ejércitos de luz y mensajeras castas palomas o águilas insignes.

Mañana vamos a poder ser yanquis (y es lo más probable); de todas maneras mi queja queda redactada sobre las alas de los inmaculados cisnes, tan ilustres como Júpiter. En México y algunos países de Latinoamérica se acostumbra efectuar el llamado Arrullo del Niñito Dios, que consiste en tomar a nuestros niños Dios y arrullarlo entre dos personas o más. Todo lo mencionado viene en medio del silencio profundo en que la noche envuelve la terrena ilusión, y siento como un eco del corazón del mundo que penetra y conmueve mi propio corazón. He llevado a mis labios el caracol sonoro y he suscitado el eco de las dianas marinas, le acerqué a mis oídos y las azules minas me han contado en voz baja su misterio tesoro. En la playa he encontrado un caracol de oro macizo y recamado de las perlas más finas; Europa le ha tocado con sus manos divinas en el momento en que cruzó las ondas sobre el celeste toro.

Yo pensé en Minerva y en la noche solemne. Dame tu silencio perenne, y tus ojos profundos en la noche y tu tranquilidad frente la desaparición. Dame tu nocturno imperio y tu sabiduría celeste, y tu cabeza cual la de Jano que, siendo una, mira a Oriente y Occidente. Horas de pesadumbre y de tristeza paso en mi soledad. Endulza mis instantes ásperos, y descansa mi cabeza.