La Virgen Maria

No fue una sacudida violenta que arrancó el alma de María; fue el impulso de la caridad lo que la apartó dulcemente del cuerpo enviándola al Paraíso envuelta en una onda de deseo ardiente de su Amado. En este sentido, tal como lo aseveró Benedicto XVI en 2011, “María, el arca de la coalición que está en el santuario del cielo, nos señala con claridad radiante que nos encontramos en camino hacia nuestra verdadera Casa, la comunión de alegría y de paz con Dios”. Asimismo, el Papa Francisco apuntó en 2013 que “esto no significa que esté lejos, que se separe de nosotros; María, por contra, nos acompaña, lucha con nosotros, mantiene a los cristianos en el combate contra las fuerzas del mal”. En 1849 llegaron las primeras necesidades a la Santa Sede de una parte de los obispos a fin de que la Asunción se declarara como doctrina de fe; estas necesidades aumentaron de acuerdo pasaron los años. En el momento en que el Papa Pío XII consultó al episcopado en 1946 a través de la carta Deiparae Virginis Mariae, la afirmación de que fuera declarada dogma fue prácticamente unánime. Réstanos tan sólo describir y hacer la pintura de la iglesia de Santa Ana que se levanta de antiguos tiempos sobre las ruinas de la vivienda de los Santos progenitores de María. Bien merece que tras narrar el nacimiento de la Señora, digamos algo acerca del punto en que nació la Santísima Virgen, la hija de los dichosos Joaquín y Ana.

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Habiendo llegado a Belén, hallándose como perdidos en la mitad de las multitudes que habían llegado de todas y cada una partes para hacerse anotar; en balde buscaron asilo para pasar la noche, pues ninguno les abrió, tanto por ser extraños y pobres, como por estar ya todo ocupado. Tuvieron que albergarse en un mezquino establo, refugio de pastorcitos y rebaños. Allí, hacia la media noche, el Verbo encarnado sale milagrosamente del seno de María, esta lo toma en sus brazos, lo adora, lo envuelve en humildes pañales y pone sobre unas pajas del pesebre; tal es el nacimiento del divino Infante, cual pasa el rayo de luz por un muy puro cristal. Llegada, en efecto según el plan divino, la plenitud de los tiempos, como aurora divina de redención apareció María Inmaculada y llena de gracia, de la cual nació a su tiempo el divino Sol de Justicia, Cristo Jesús, nuestro Redentor, el prometido Ganador invicto del demonio, del pecado y de la muerte. “La Inmaculada siempre y en todo momento Virgen María, Madre de Dios, terminado el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial”, de este modo dice la constitución apostólica “Munificentissimus Deus”, con la que el Papa Pío XII proclamó este dogma de fe en 1950 y cuya celebración se festeja como solemnidad cada 15 de agosto.

Si abrimos los libros de las teogonías orientales, en ellos vamos a encontrar consignada bajo distintos aspectos de la fábula, de la poesía y de la leyenda, la expresión de una virgen que tenía que venir para redimir a aquel pueblo. La idea de ser cada nación vieja, de un origen divino, haciendo remontar sus primeros progenitores a los dioses de quienes procedían, hicieron que cada pueblo, cada zona se creyese la llamada por sus dioses a ser la señora del resto vecinos, a quienes consideraban en su orgullo como inferiores. La India, el Egipto, la Persia y otros varios, consignan en sus libros sagrados la esperanza de una virgen madre que debía ofrecer a luz a un hombre, sabio, conquistador, llamado a sojuzgar a el resto pueblos, bajo una doctrina que le engrandecería y le haría señor del mundo.

La Festividad De La Asunción De La Virgen María: Conoce Su Significado Y También Historia

La idea y adoración al Verbo humanado, al Hijo de Dios, va tan unida al culto de María, que tenemos la posibilidad de decir que son devociones unidas, tan fuertemente unidas, como la Madre y el Hijo en su purísimo amor. La alegría reinaba en casa de los santos esposos con aquel puro don del cielo, de aquella pura estrella y señora de todo el mundo, que tenía que ser la bendita entre los ángeles y la adorada Virgen salvadora entre los mortales. Pasados nueve días diósele, según práctica del pueblo de Israel, el nombre que tenía que llevar, llamándola María (Míriam) que significa Señoraen siriaco y Estrella del mar en hebreo; nombre bendito en las dos traducciones; fuente de luz, Señora del mundo, estrella que nos alumbra en la procelosa noche del pecado.

San Pedro Crisólogo en el sermón de la Anunciación, de donde toma la Iglesia las lecciones séptima y octava del tercer nocturno en la festividad del Dulce Nombre de María, dice, Nann MARÍA hebraeo sermone latine DOMINA nuncupatur. La Iglesia católica ha considerado y considera el nacimiento de María como un hecho que emula en excelencia e relevancia al de Jesús, y hace resonar en esta festividad los ecos de una pura y profunda alegría, como aurora de paz para el mundo con la venida inmaculada de la que había de ser la Madre del Verbo. Allí, según la tradición oriental, nació la que había sido concebida pura y sin mácula original, la escogida del Padre, el arca santa que tenía que encerrar por nueve meses al Verbo humanado, el Unigénito, al Redentor del mundo. Entregábase mucho a la oración el santo matrimonio y acompañábanse en las oraciones con ayunos, y actos de caridad que formaban las ocupaciones de la familia modelo de matrimonios santurrones y virtuosos. El lote es el día de hoy propiedad de los padres de Tierra Santa y una vez por año festejan en él, el Santo Sacrificio.

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Préstame, Madre, tu lengua, para poder comulgar, ya que es tu lengua patena de amor y de santidad. Que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y solicitado tu socorro, haya sido descuidado de Vos. Animado con esta seguridad, a Vos asimismo acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes! Y si bien gimiendo bajo el peso de mis errores, me atrevo a comparecer frente vuestra presencia soberana.

Hablamos de los Títulos Marianos o Advocaciones Marianas, nombres que derivan de atributos que mencionan a María en las Sagradas Escrituras o en la veneración popular, o que derivan de peculiaridades atribuidas a ella o de modismos del lenguaje común. Basta meditar en el término Madonna, muy empleado en Italia, que deriva del latín orina domina, “mi Señora”. Ese no es otro que el de la Virgen como Corredentora, título que se utiliza desde el siglo XV y que la Iglesia suele usar en ciertos documentos oficiales. Según los especialistas no debería entenderse como una equiparación con Cristo, único Redentor, sino como una cooperación indirecta por cuanto puso de manera voluntaria toda su vida al servicio del Redentor, padeciendo y ofreciéndose con Él al pie de la Cruz. El dogma de la Inmaculada Concepción declara que “la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mácula del pecado original en el primer momento de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano” (Papa Pío IX). Hola Ángela, hay un libro que lleva por nombre de este modo «Los siete dolores de la Virgen», en él viene un tanto mucho más creado este tema.

7.-Logré de mi Divino Hijo que, cuantas propaguen esta devoción, sean trasladadas de esta vida terrenal a la alegría eterna de manera directa, ya que van a ser eliminados sus errores y mi Hijo y Yo seremos su consolación eterna y alegría. Bendita MADRE,MARIA DOLOROSA,infinitas gracias por aquel milagro de hace mucho más de 20 años, tras aquello de forma inexplicable quedaste plasmada para siempre junto a mi madrecita ……..gracias hasta la Eternidad….. Esos que propaguen esta devoción, sean llevados de esta vida terrena a la felicidad eterna, sus errores van a ser perdonados y el Señor será su gozo y consuelo eterno. “Era la Virgen María de alma sensato y corazón blando y humilde, grave y parca en el hablar, aficionada a lecturas santas, modesta en sus palabras, muy atenta a lo que hacía, y buscando en todo siempre y en todo momento agradar a Dios y no a los hombres. La Tradición cristiana ha visto siempre en esas palabras, la enorme promesa del Redentor futuro y de su completa redención o victoria sobre el pecado y el demonio.

Pedro Sáez cita con detalle un texto que se asigna a San Máximo el Confesor (c. 580 – 662), un creador bizantino prolífico y culto de tradición neoplatónica, que murió desterrado en Georgia, pocos meses después de que le arrancaran la lengua y le cortaran la mano derecha para impedirle redactar. Su obra “La Vida de la Madre de Dios” nos ha llegado a través de una traducción medieval en lengua georgiana (él la escribió en heleno, pero esa versión se ha perdido). SAN PABLO “Hoy quisiera comenzar un nuevo ciclo de catequesis dedicado al gran apóstol san Pablo. A él, como sabéis, está consagrado este año que va desde la celebración litúrgica de los santurrones Pedro y Pablo del 29 de junio de 2008 hasta exactamente la misma celebración del año 2009”. Audiencia del 2 de julio 2008 El apóstol Pablo, figura sublime, prácticamente inimitable, pero de todos modos estimulante, se nos presenta como un ejemplo de total distribución al Señor y a su Iglesia, tal como de enorme apertura a la raza humana y a sus etnias. Merece la pena, por consiguiente, que le dediquemos un lugar especial, no solo en nuestra veneración, sino más bien asimismo que nos esforcemos por entender lo que nos puede decir también a nosotros, cristianos de el día de hoy.

En ese entonces debía tener ahora más de 12 años, pues en esta edad era cuando se permitía a las jóvenes judías realizar votos valederos. La felicidad santificante actuó en su alma de manera plena y total, en atención a su privilegio singular ser destinada desde el primer instante de la crónica de la Salvación hasta su culminación en la Pasión, Muerte y Resurrección de su Hijo a ser su Madre y Madre de la Iglesia”, añade. Debemos añadir ciertas interpretaciones al nombre de María para mayor extensión del significado de este dulce nombre, tan elevado y místico para San Antonio de Padua, como hemos dicho; y de esta manera San Pedro Crisólogo, manifiesta al refererir el nombre de María con que el Ángel la saluda, afirma, que expresa dignidad, ya que en hebreo significa lo mismo que en latín, Domina, Señora. En hebreo se traduce Exaltata, o sea, Ensalzada o Sublime, y también Mare amaritudinis, Mar de amargura. De esta suerte la encontramos en el catálogo de expresiones hebreas que está al final de algunas ediciones católicas de la Biblia.

Y nada de extraño debe esta doctrina reinara entre ellos; es la tradición que conservó su verdad desde el origen, aun en medio de los cambios y transformaciones hijas de la naturaleza e imaginación de las razas que más o menos fantásticamente la adornaron, desde las heladas zonas del Norte a las abrasadas riberas de la India, la tradición presentó siempre y en todo momento exactamente el mismo principio, el de una virgen redentora. Subamos a las oscuras montañas por entre la espesa arboleda, y allí enriscada sobre las peñas vamos a encontrar la desconocida aldea con escasos pobladores, y verémosla en ese alegre día del Otoño en que el campo lleno de frutos festeja con sus gratos dones la venida de María, llena de banderolas y flores, enramadas sus pedregosas calles con el mirto y el mastranzo que las perfuman para ser útil de paseo a la morocha imagen de la Madre inmaculada. Y hemos dicho que es la única tradición que presenta unidad en su pensamiento, y esto se interpreta con solo recordar que el Señor, al arrojar del Paraíso a nuestros progenitores por su pecado, dijo, que la mujer había sido la causa de la perdición, del pecado, inducida por la serpiente, espíritu del mal rebelado contra su Constructor; pero que una mujer, una Virgen nacería que quebrantaría la cabeza de la serpiente, redimiendo al mundo del delito por la concepción pura y sin mancilla del Redentor de todo el mundo.

Esta celebración en el siglo VI fue llamada la Dormición de María, donde se festejaba la desaparición, resurrección y asunción de María. Los relatos apócrifos sobre la asunción de María aparecen precisamente desde el siglo IV y V. Siendo el más publicado y probablemente entre los más viejos en el oriente bizantino el Libro de San Juan Evangelista. La celebración de la Asunción quiere decir que la Virgen María, al término de su peregrinación terrena y en virtud de su contribución a la narración de la salvación como Madre del Redentor, fue liberada por la gracia de Dios de la corrupción del sepulcro y elevada en cuerpo y alma a los cielos, donde está y actúa como mediadora entre Dios y los hombres. Como hemos dicho al copiar las palabras de los convocados historiadores que dan a Jerusalem por cuna de María Santísima, hemos visto en qué rincón de la región se hallaba asentada la modesta vivienda de Joaquín y Ana. En la serie de calles que prácticamente on-line recta forman la Vía Dolorosa o calle de Amargura, como la conoce mucho más el pueblo, enfrente de la Piscina Probática, se levanta el día de hoy la iglesia de la Santa, edificada sobre las criptas que fueron de la vivienda de los padres de María, y las cuales visitaremos mentalmente. No lejos de la puerta de San Esteban, que los árabes llaman de Bab-Sitti- Mariam (puerta de la Señora María), pues que por ella se marcha al sepulcro de la Madre del Redentor, nos encontraremos con la testera de la iglesia de Santa Ana.

La opinión occidental que pone la cuna de la Virgen en Nazareth, no se conoce cuándo empezó a alcanzar por Occidente ni por quién. El acompañamiento de esta opinión es muy respetable por las altas dignidades que la han consignado en documentos tan esenciales como las Bulas de los Pontífices julio II, Inocencio XI y Pío IX, quienes aceptan a Nazareth como la localidad en que fue concebida y nació la Santa Señora. Pero como las bulas no son documentos infalibles en materias históricas, pero sí lo son en lo más mínimo en temas de dogma y prácticas, en el asunto histórico de que se habla no son sino una respetabilísima opinión, pero jamás una definición de dogma en las que resplandece la perpetua infalibilidad, y frecuentemente en estos asuntos los Pontífices han aceptado causas por asistir la opinión y esto dice el P. Además de esto hay que tener en cuenta también que de las tres citadas bulas, la del Pontífice julio II dice que la casa de Nazareth es el punto en que fue concebida María, añadiendo, como piadosamente se cree, espíritu que comunica en esta piadosa creencia las bulas de Inocencio XI y Pío IX. Estos son los fundamentos mucho más respetables de la opinión occidental al transformar a Nazareth en cuna de la Virgen María. »Del nacimiento de la Virgen ni afirma nada el Evangelio ni había para qué decirlo. ¿Se escribió quizás el Evangelio como libro de erudición y para agradar la curiosidad humana o es un libro de enseñanza muy útil, teorética y práctica, de la vida de Jesús y su doctrina?

Cerca de 200 obispos se juntaron en el año 473 a debatir el tema y llegaron a la conclusión de que “la Virgen María sí es Madre de Dios pues su Hijo, Cristo, es Dios”. María también es protagonista cuando en determinada ocasión, cuenta San Marcos, le afirmaron a Jesús que su madre y sus hermanos estaban aguardándole. Él afirma, entonces, que solo quien cumplía la voluntad de Dios, son su madre y sus hermanos. Las Bodas de Caná pertenecen a los instantes de los Evangelios donde la Virgen cobra mayor importancia. María y su hijo van a Caná, invitados a unas bodas, y cuando empieza a escasear el vino, la Virgen le solicita a Jesús que ayude a los anfitriones y Este obra un milagro. Poco tras este enorme hecho, en el momento en que se cumplían 40 días del nacimiento, la Virgen vuelve a mostrarse en los Evangelios.