La Virgen María De Guadalupe

El miércoles hubo Vísperas y Maitines solemnes con música y también iluminación de todo el templo. El jueves, antes de la Misa solemne, hubo una devota y concurrida procesión en el interior del templo. En una peana, que representaba el cerro ornado con flores y rosas y el arco iris, se colocó una Imagen de la Patrona puesta en un muy, muy rico marco ovalado; y se colocó con tal predisposición, que vista a una cierta distancia generaba el efecto como si la misma Virgen se apareciera enmedio de las nubes de la gloria. A la Procesión siguió la Misa solemne y sermón, todo «como acostumbra este templo en sus más clásicas funcionalidades». Negocios en la Audiencia y demás Tribunales, se declarase también Celebración de Tabla, a saber, se pusiera en la Tabla o Lista destinada para el efecto, la obligación de concurrir en cuerpo, el Virrey, la Real Audiencia y Tribunales al Santuario.

El doctor Aste, graduado en ingeniería en sistemas ambientales por la Universidad de Cornell, ha estudiado a lo largo de más de veinte años la imagen impresa de la Virgen en el tosco tejido hecho con fibras de maguey -una suerte de cactus- de la tilma del santurrón Juan Diego, el indígena que recibió las apariciones que modificaron decisivamente la narración de México. Hablamos de una lona que no dura mucho más de veinte años, pero la imagen se mantiene íntegra como el primero de los días desde hace casi cinco siglos, después de haber continuado mucho más de un siglo sobre una pared húmeda, entre el humo de miles de velas, y manoseada por muchedumbres de indios. Levantáronse los Autos en la adecuada forma de estilo, y los Comisarios pusiéronlos en manos del adulto mayor pastor metropolitano.

Echáronse también al aire sin citación alguna o convite , variedad de colgaduras, entapices, gallardetes con que se alistaron las más de las ventanas y azoteas, arbolándolas en alternadas salvas por los nueve días posteriores, incluyendo el 12 de diciembre, consignado a la Aparición y publicación del Juramento en el Santuario». Respecto al número de las víctimas de esta pestilencial patología, si podemos con certeza dar su número exacto o más seguro, por lo que toca a la ciudad de México, no tenemos la posibilidad de afirmar lo mismo cuanto al número de las víctimas que hubo en las otras ciudades y provincias. Refinaba la cualidad contagiosa como en pólvora; se refrigeraron los aires, se purificó de lleno la espaciosa atmósfera, restituyéndole el apacible y sanísimo tiempo a la ciudad y contornos de México…».

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Y habiendo sabido los Comisarios y Regidores de la ciudad que en Puebla de los Ángeles había pirotécnicos y muy hábiles autores, de allí mandaron traerlos con todas sus máquinas. Mientras tanto, las salvas y la artillería se alternaban con las campanas y coros de músicos que recorrían las calles, y multitud de familias rezaban dados estos altares, suplicando a la Santa Madre de Dios y consoladora de los afligidos por la liberación del azote que las arrasaba. Esta advocación de la virgen es la más reverenciada en el planeta, su santuario es el templo católico que mucho más leales recibe de año en año. La fiesta de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe se festeja el 12 de diciembre. La noche del día anterior, las iglesias en todo el país se llenan de fieles para festejar una celebración a la que llaman «las mañanitas a la Guadalupana» o serenata a la Virgen.

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Por eso la Iglesia solicita actualmente su intercesión para proteger la vida contra el genocidio del aborto y otras amenazas contra los inocentes. En su cuarta visita a México, del 22 al 26 de enero de 1999, Juan Pablo II puso a los pies de la Virgen el archivo del sínodo de las Américas que en aquella ocasión entregó a la Iglesia como fundamento para la Nueva Evangelización que solo es viable por la obra del Espíritu Santurrón. La cuarta visita del Papa a México coincidió con el 26 aniversario de la legalización del aborto en USA, poniéndose de esta manera de relieve la enorme guerra mundial por la dignidad de la vida humana. LOS FIELES De año en año, 20 millones de leales se acercan al venerado cuadro para expresar a la Madre del Cielo el testimonio de su cariño y veneración. Procederá al solemne juramento en manos del Arzobispo, a lo largo de la Misa Pontifical.

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En resumen, se informaba que en este día y siguientes las calles y casas se adornasen lo mejor que cada uno de ellos pudiese, con colgaduras, luminarias, fuegos artificiales, tablados con coros de música y otras señales de fiestas solemnísimas, para manifestar el debido agradecimiento representando a toda la nación a la Soberana Patrona y Madre. Creciendo cada día más los estragos de la peste, los nueve centros de salud que para distintos géneros de enfermedades se contaban en México, no fueron bastantes para la única que entonces arrasaba la localidad. Preciso fue abrir otros seis hospitales, tres de los que abrió en los barrios mucho más apartados, donde era mayor el desamparo y la necesidad de los enfermos, el P. Este solícito operario, auxiliado con las cuantiosas limosnas que con increíble liberalidad le suministraban el arzobispo virrey D. Antonio de Vizarrón, la nobilísima ciudad, el Consulado y bastante gente piadosas, asistió con ardiente caridad a los enfermos de estos tres hospitales. Martínez un poderoso cooperador a la asistencia de los enfermos en el infatigable médico Vicente Rebecchi.

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En una de ellas iban los Reyes de Armas o Maceros del Municipio; en otra, el Capellán, el Maestresala y el Escribano del Municipio, y en la última, que sobresalía a el resto, iban los Comisarios Nacionales, acompañados del Teniente de Alguacil Mayor, a quien proseguían criados y lacayos con vistosas libreas. D. Francisco Echávarri, que como Decano de la Real Audiencia y con el título de limosnero de Guadalupe, quiso tomar partido en la función. Varios de los primordiales de la región, consiguieron también tomar parte en tan noble comitiva.

Desvanecíase en concepto de Guadalupe el contagio que rodeaba en contorno y no entraba. A vista de esta inmunidad, véase cuál sería la continuidad en aquel país y la ansia para tomar el asilo de su templo». Preciso fue, ya que, que el Señor a través de la tribulación despertase a los mexicanos para que cumplieran lo que faltaba por realizar en honor de su Madre. Esta tribulación fue la célebre peste de 1737, que arrasó no solo a la capital, sino más bien mucho más a las ciudades y pueblos de toda la Novedosa España. De autores contemporáneos y de otros que sobre documentos escribieron del mismo asunto3, daremos resumidamente la relación de los hechos. Con todo lo dicho más arriba llegamos a la ineludible conclusión de que la obra de Fray Diego de Ecija forma la síntesis o compendio de todas y cada una de las crónicas bajo medievales sobre la historia de historia legendaria de la invención de Nuestra Señora de Guadalupe.

Y por el mes de septiembre de 1746, casi a un mismo tiempo llegaron los expresos ordenes o poderes que se anhelaban. Fue esta elección un auténtico acto de justicia, mucho más que de devoción, como precisamente apreció el escritor Cabrera; ya que con su Aparición, habiéndose la Virgen manifestado la tierna Madre y Patrona de los mexicanos, la decisión no fue mucho más que un reconocimiento jurídico y solemne del derecho que la Virgen tenía a estos títulos. Los Comisarios del Ilustre Ayuntamiento, agradecidos por tan visible muestra de singular protección de la ya conocida jurídicamente Patrona de México, se apuraron con todo el empeño que su encendido furor les dictaba, a realizar la cláusula del Juramento, con que se habían obligado a que se extendiese a toda la Nación el feliz Patronato de la Virgen de Guadalupe.

Son estos Fray Alonso de la Rambla, fallecido en 1474, y Fray Pedro de Guadalupe, maestro de novicios, recordados los dos en el códice setenta del Fichero del Monasterio . Dicho códice no es mucho más que una copia iniciada hacia 1524, de la narración recogida en el C-6 del mismo Archivo y manuscrita entre los finales del siglo XV y los principios del XVI. Nada añade el amanuense a las aportaciones que se nos antojan nulas o pocas, que los 2 frailes jerónimos hicieran para el conocimiento de la historia legendaria de Nuestra Señora de Guadalupe.

; día de cada hora, día de cada instante, día de varios días, día de muchos años, día de varios siglos…». Insertamos a continuación el Edicto del Arzobispo, de este modo por el hecho de que nos sirve de un comprendio genuino de lo que se dijo, como por el hecho de que es un documento de muy grande relevancia para corroborar de una forma tan público, jurídico y solemne, la nunca interrumpida «Tradición del Milagro». Ponemos entera la respuesta que exactamente el mismo día 2 de mayo dio este respetable Senado, por ser un testimonio solemne que varones tan autorizados brindaron de la Tradición del Milagro. Ya apunté y se admiró, ni en estos, ni en muchos más días habían fallecido de la epidemia mucho más que uno que otro; aquel agotado de vivir a su espacio, y otro que cayó.

En 1979 los estadounidenses Philip Callahan y Jody B. Smith estudiaron la imagen con rayos infrarrojos y descubrieron con sorpresa que no había huella de pintura y que el tejido no había sido tratado con ningún tipo de técnica. En su conferencia, el doctor Aste insistió en que estamos frente a una imagen “que no fué pintada por mano de hombre”. Ya en el siglo XVIII varios científicos realizaron pruebas científicas que mostraban cómo era imposible colorear una imagen de esta forma en un tejido de tal textura. Richard Jun, premio Nobel de Química -recordó el doctor Aste Tonsman-, logró análisis químicos en los que se pudo constatar que la imagen no tiene colorantes naturales, ni animales, ni mucho menos minerales. Ya que en aquella época no existían los colorantes sintéticos, la imagen, en este aspecto, es inexplicable. En el año 1791 se vuelca de manera accidental ácido muriático en el lado superior derecho de la tela.

En estos días México no parecía una ciudad, sino más bien un templo a la Madre de Dios aparecida en el Tepeyac. En todos estos altares y capillas improvisadas, una era la Imagen, pero multiplicada en tantas ocasiones cuantos eran los altares, como otros tantos reflejos de aquella que se adoraba en su Santuario. A la puesta del sol puede decirse que empezaba otro día artificial; tantas de esta manera eran las luminarias, hachas, faroles de todos tamaños, cohetes y castillos de fuegos artificiales.

Pero no había el Santurrón Pastor comenzado el Himno eucarístico cuando, por aviso dado de antemano por los Regidores, las campanas de la Metropolitana anunciaron a la ciudad el nuevo Patronato. Respondieron a la concertada contraseña desde sus torres todos los santuarios, alternáronse salvas atronadoras de artillería con los instrumentos de la banda militar; se realizó, en una palabra, tal festejo, como se acostumbraba hacer al recibir la noticia oficial de que un nuevo soberano terminaba de subir al trono de San Fernando a gobernar la católica España. El primer efecto de esta Jura fue el excitarse en toda la localidad una más viva y estable confianza de que pronto, muy pronto la Patrona celestial acudiría a socorrerles. En el Primer Libro de esta Historia dejamos comprendidos los hechos más principales que pasaron en las primeras 2 Centurias Guadalupanas, desde el año de 1531 al de 1731.