La Virgen María

Aun en la actualidad, las hermanas de la congregación de las Hermanas de la Caridad de Lovere en Milán se los conoce como las Hermanas de María Niña. Ya que ellas se dedicaban al precaución y consuelo de los enfermos en el hospital Ciceri de Milán, la escultura de María Niña se transformó en un punto de referencia y consuelo tanto para las monjas para los enfermos, y en 1884 asimismo se le atribuyó una curación prodigiosa. “Por último, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mácula de pecado original, terminado el curso de su historia en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del Universo, para ser confirmada más plenamente a su Hijo” (Catecismo de la Iglesia Católica). Acompañada por San Juan y por las piadosas mujeres, María quiso salir al acercamiento de su divino hijo. Esta opinión fué confirmada por los trabajos de Rossi, habiéndose visto aseverado este parecer por las representaciones de la Virgen María en la adoración de los Magos, que se preservan en las Catacumbas de Domitilla y San Calixto, las que según la crítica histórico-pictórica se hacen datar del siglo II de la Iglesia.

Así que San Juan estuvo en Éfeso con la Virgen Muy santa, empezó a predicar en la localidad, bautizando a los que transformaba… Quedó en Éfeso la Virgen, tras despedido Santiago, atenta a todo cuanto sucedía a este y a los demás Apóstoles, sin perderlos de su vista interior, y sin cesar en las peticiones y frases por ellos y por todos y cada uno de los fieles de la Iglesia. En Éfeso recibió la Virgen la visita de Santiago, quien embarcado en las costas de Cataluña se dirigió a Italia, y de allí pasa cuenta a María de su predicación en España, y postrado en tierra demostróle su agradecimiento por haberle visitado personalmente en Zaragoza. Tal es la forma como el docto Padre Rivadeneyra expresa y apunta su parecer respecto de los últimos tiempos de la existencia terrenal de nuestra Santa Madre la Virgen María. Como de paso, como hemos visto, debía el poco de tiempo que María vivió en Éfeso con San Juan Evangelista. Y tengamos presente que la inspiración divina y la superior enseñanza de la revelación directa del Espíritu Santurrón excluye los medios humanos y la tradición, aun cuando sea la de la Virgen.

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La tradición es la que nos apunta esta vivienda de María en Éfeso, y a ello nada hay que objetar que logre contradecir esta opinión histórico-clásico. Que regresó a Jerusalem, en donde murió, es un hecho comprobado, claro y evidente, reconocido, acatado y venerado, testimoniado aparte de los cuentos sagrados por los hechos materiales del sepulcro de la Virgen, la vivienda en que habitó y demás casuales que determinan el hecho en su término histórico y en el de la creencia religiosa establecida en las virtudes y excelencias de la Muy pura Señora. María, como Madre del Profesor, como Señora modelo de amor y de mal, gozaba como no podía menos serlo, del respeto, consideración, amor y veneración de los Apóstoles, y así observamos que la pintura, el arte, ha traducido siempre este respeto y consideración a la Señora, colocándola en los cuadros y pinturas encabezando a los Apóstoles en el Cenáculo, sobre todo en la representación de la venida del Espíritu Beato sobre el colegio apostólico de los acólitos de su Hijo. Y no solo la pintura, sino más bien la palabra, los discursos nos han trasmitido esta creencia y muy lógica presunción, como el corazón, el respeto y el cariño que María inspiraría entre aquéllos, como nos lo realiza alardear y adivinar. Quién sino más bien la Madre de Jesús, la que le llevó en su seno, la que padeció, como es imposible imaginar en la pasión de su Hijo, la que llena de mal le acompañó en todos sus lacerantes trances, cuando todos, todos, aun sus discípulos, le habían abandonado, y es más, hasta negado?

Poco después de este enorme acontecimiento, cuando se cumplían 40 días del nacimiento, la Virgen regresa a manifestarse en los Evangelios. José y María llevan a Jesús hasta el templo de Jerusalén para presentarle y cumplir de esta manera con la ley judía. La tercera aparición de la Virgen en la Biblia, y entre las más esenciales, se da a lo largo del nacimiento de Jesús. María y José tienen que asistir a Belén para empadronarse y es en esa pequeña aldea donde les toca dar a luz al Salvador. Suscríbase gratis a la lista de correo de Web Católico de Javier para recibir las novedades por semana por mail.

Oraciones Para Consagrarse Al Sagrado Corazón De Jesús

Quién le había contado a San Lucas ni le podía contar el enigmático acontecimiento de la Anunciación? Y los Apóstoles mismos, aun San Juan, qué sabían sobre los primeros treinta años de la vida de Jesús? Ellos podían charlar de los tres años últimos de la vida del Salvador, pero nada de esos que solo eran conocidos de María, ya que San José había fallecido. María, la Inmaculada Madre del Cordero, es la Evangelista de los Evangelistas, ya que Ella fue la inspiradora de muchos de los misterios de aquéllos; si no de dónde sabe San Juan varios de los mucho más altos misterios que en lo relativo a Jesús, cuenta, comenta y también historia el gran teólogo de la Iglesia, el filosófico Juan?

Para ello consignaremos del mismo modo el relato que de su gloriosa muerte hacen los convocados historiadores, para referirla entonces con nuestra pobre pluma este relato, esta narración, que en el fuego del amor a su santo Nombre, pretendemos llevar a cabo, como oración entusiasta y llena de promesa en sus misericordias, y que elevamos a su trono para que sea admite como acto de amor y veneración a nuestra Madre amparadora en las desgracias, y Consuelo inmenso en nuestras desgracias. Allí estaba, allí quedó María acompañada de las devotas mujeres, de los Apóstoles y especialmente de Juan su hijo, según la voluntad de Cristo en la Cruz, y allí llena de fe, inflamada con el santurrón amor en la promesa de su Hijo, aguardaba María la venida prometida del Espíritu de Dios que les ofrecían antes de su gloriosa Ascensión. La ascensión del Señor se había verificado; Dios-Hombre había dejado el mundo, al que descendió para derramar su sangre por la redención humana; la obra, la palabra de Dios estaba cumplida y dejaba en la tierra su doctrina, la Verdad encarnada en la ley del amor, de la caridad y de la promesa en su santa palabra, en la promesa sagrada de su ley, que tenía que ser la de nuestra salvación. «Vuestro nacimiento, añade el santurrón escritor mencionado, oh Virgen Madre de Dios, ha llenado de gozo al universo, por el hecho de que de Vos nació el Sol de justicia, Jesucristo nuestro Dios, que, librando al género humano de la maldición a que se encontraba sujeto, le colmó de bendiciones, y venciendo la desaparición nos ha dado la vida eterna». De las aflicciones y también insultos que sufría el matrimonio por causa de su infecundidad no debemos reiterar lo que se dijo al charlar de su santo esposo, y no vamos a repetir lo consignado respecto de sus oraciones, plegarias y súplicas al Señor para que les concediese un hijo, si de esta forma era su voluntad, y que el Señor colmó a manos llenas sus virtudes, frases y confianza en la voluntad de Dios dándoles la dicha inefable, la gran recompensa de ser padres de la que tenía que ser Madre de Dios, pura y sin mancilla, Reina de los Ángeles y Madre y amparo de los afligidos. De esta suerte vivieron muchos años llegando a la vejez sin haber tenido hijos, por mucho que Ana implorase esa gracia del Señor para librarse del oprobio e insultos de las demás mujeres que la denostaban por estéril.

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¿Se escribió quizás el Evangelio como libro de erudición y para satisfacer la curiosidad humana o es un libro de enseñanza muy útil, teorética y práctica, de la vida de Jesús y su doctrina? Aun lo que la Iglesia nos ofrece en esta festividad respecto de María no acaba en ésta, sino más bien y en prácticamente todo se refiere a su divino Hijo». Bien merece que tras narrar el nacimiento de la Señora, digamos algo acerca del punto en que nació la Santísima Virgen, la hija de los dichosos Joaquín y Ana. María, nombre que encierra un encanto pudoroso, es de una tan maravillosa dulzura, que con sólo pronunciarlo se enternece el corazón, y con sólo escribirlo se anima y eleva el estilo. «El nombre de María, dice San Antonio de Padua, es más dulce a los labios que un panal de miel, mucho más halagador al oído que un despacio cántico, y más delicioso al corazón que la alegría mucho más pura.Nomen Virginis Mariae mel in ore, melos in aure, jubilum in corde».

la virgen maría

Su carácter era dulce y dócil, una anticipación de la magnífica joven que admitiría sobre sí la misión que Dios hubiera querido proponerle. La información que disponemos sobre Joaquín y Ana, progenitores de María, proviene del Protoevangelio de Santiago, un texto apócrifo excluido del canon de las Sagradas Escrituras. De manera afín, el Evangelio del pseudo-Mateo, escrito en latín en los siglos VIII-IX, relata a los progenitores de María. En los Evangelios de Lucas y Mateo hay retazos de información que nos dejan reconstruir, al menos en parte, la niñez de la Virgen. La Virginidad Perpetua de María es el dogma mariano más viejo de la Iglesia y protege que la Madre de Dios fue virgen antes, durante y después del parto, y no tuvo otros hijos.

De dónde sabe Lucas, sino más bien de María, su historiador, cuanto nos relata y cuenta de Ella, y más que nada los tiernísimos pormenores acerca del enorme misterio de los misterios, la Encarnación? María era la única que podía saberlos, contarlos y relatarlos, y que en verdad debió manifestarlos, sin perjuicio de la reconocida e indiscutible inspiración del Espíritu Santurrón. Los Apóstoles le vieron subir a los espacios, ocultar su hermosa figura en los magníficos cielos vestidos de gala, con sus mucho más preciosas tintas y magníficas, blancas, puras, rosadas nubes, que fueron el escabel en que se han apoyado sus pies al remontarse al Padre, y los acólitos, atónitos, hundidas sus frentes en el suelo por el respeto y veneración, le vieron subir al incomensurable espacio, lleno de majestad y gloria. El templo ha quedado restaurado y devuelta la hermosura que el tiempo y los estropicios de los salvajes le habían despojado.

Solo María permaneció en tranquilidad en este vasto y elevado salón, en que se habían agolpado una multitud de viejos discípulos y de nuevos cristianos igualmente expectantes de contemplarla. Habiendo ya que pasado con este temor de vida muchos años, y guardándola Dios para consuelo y bien de toda la Iglesia; siendo ahora de anciana edad, observando popularizada por el mundo la fe y el nombre de su Hijo, encendida de amor y fundida de deseos de verle, le rogó afectuosamente que la librase de las miserias de esta vida y la llevara a disfrutar de su bienaventurada presencia. Oyó los que tienen piedad ruegos el Hijo de la Madre, a quien siempre oye, y envióle un ángel con la alegre novedosa de su muerte, la cual Ella recibió con gran júbilo de su espíritu y descubrió a su amado hijo Juan Evangelista.